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    Celebrating Kids and Books {Día Blog Hop} Featuring Laura Lacámara

    Today I’m very excited to be participating for the second year in this wonderful children and books celebration: Día Blog Hop, organized by Latinas for Latino Lit. It started on April 1st and it will go until April 30th featuring Children’s books artists and authors on Latina blogs.

    It’s a great way to learn about so many wonderful talent out there and maybe visit the library or a bookstore and acquire a couple of new books for our kids to read. Check out the whole schedule of authors and bloggers at L4LL’s main post.
    Laura Lacámara is my guest, she is a Cuban-American artist and author. Her latest book is Dalia’s Wondrous Hair, which will debut on May 31 of this year, is the first book Laura has written and illustrated. All the images here are from that book. Laura lives in Venice, California with her husband, their daughter, and a doggie. Learn more at: www.LauraLacamara.com

    Enjoy her fun story below!

    A MAGICAL MOUSE OR A COMMON STREET RAT?
    by Laura Lacámara

    My first real training for writing and illustrating children’s books can be traced back to an incident from my childhood.

    I’ll never forget it. The banging and shouting woke me and my brother out of a deep sleep. We jumped out of our beds, only to find our toys scattered all over the floor of the bedroom we shared in our new house in Santa Rosa, Puerto Rico. I was 5 years old; my brother, Carlos, was 6½.

    My first thought was: there must be a robber in the house!


    “Mamá! Papá!” we shouted, running and stumbling in the dark to find our parents.

    I flipped on the light switch in the hall, and there stood my pajama-clad papá. He was clutching my brother’s baseball bat with both hands. A wild, fiendish look in his eyes.

    Just then, my mother stepped out of the shadows and pulled us into the living room. “There’s a rat in the house,” she explained. “We think it swam up through the toilet. Remember I’ve told you to always put the seat down?” (She couldn’t help but throw that in.)

    “But don’t worry,” she reassured us, “your daddy is going to get rid of it.”

    It was obvious by Dad’s grip on that baseball bat that to “get rid of it” meant he was going to kill it. My anxiety mounted…

    Carlos, on the other hand, was thrilled. “How big is it?” he called out into the dark.

    “The size of a small cat!” my father shouted back.

    Then, as per my dad’s instructions, my mom, my brother, and I quickly formed a barricade in the living room, using furniture and unpacked boxes. The idea was to keep the rat in the back of the house, where Papá could hunt it down.

    The three of us waited on the well-lit and safe side of the barrier. On the other side, Papá with his bat ventured into the darkness in search of a cat-sized, toilet-swimming rat.

    Sitting there in that eerie silence, I grew increasingly nervous. An idea had taken shape in my mind… One that involved a magical mouse who had put coins under my pillow when I had lost a tooth…

    I had already convinced myself that this rat thing was a case of mistaken identity, when suddenly there was a loud crash, “BAM! BAM! BAM!”

    Seconds later, my papá stepped out of the darkness and stood before us, wild-eyed. “I got him!” he declared, shaking what was left of the bat over his head.

    The scream started at my wobbly knees and worked its way through my knotted-up stomach, pushed up through my soon-to-be-sore throat, and came bursting out of my mouth, “Nooooooo!!! You killed ratoncito Perez!!!”

    Of course, it turned out that el ratoncito perez (the Latino equivalent of the tooth fairy) was nowhere near our house that night. Our nocturnal visitor was a common street rat, whose excellent swimming skills had led him to an unfortunate meeting with a baseball bat.

    To this day, my parents will tell you that I’ve always had a flair for the dramatic. But to my five-year-old self, this was a serious matter. It wasn’t just the loss of el ratoncito perez that I feared, it was something bigger — I was fighting to keep magic and hope alive in my world!

    The truth is I’ve been fighting that battle ever since. Only now, instead of boxes and furniture, I put up invisible barriers, blocking out anything cynical or negative from coming my way. I need to protect the part of me that feels hope – because that’s the place I create from. And, that’s the place where I want to live.

    Some may say that I’m in denial, but I choose to see a world filled with compassion and hope (and yes, even a little magic!). A world where the possibility of a magical mouse is just as likely as the reality of a common street rat.

    – E S P A Ñ O L –

    Hoy estoy muy emocionada de participar por segundo año en esta celebración maravillosa de niños y libros: Día Blog Hop, organizada por Latinas para Latinos Lit. Comenzó el 6 de abril y termina el 30 de Abril presentando a artistas y autores de libros en blogs de latinas.

    Es una manera chévere de aprender sobre tanto talento que hay y tal ir a la biblioteca o a una librería y adquirir un par de libros nuevos para los niños. Echen un vistazo a toda la lista de los autores y los bloggers en el post de L4LL.

    Laura Lacámara es mi invitada, ella es una artista y escritora cubano-americana. Su último libro se llama “Dalia’s Wondrous hair”, que saldrá el 31 de mayo de este año, es el primer libro que Laura ha escrito e ilustrado. Todas las imágenes de este post son de ese libro. Laura vive en Venice, California con su esposo, su hija y su perro. Para saber más de ella visiten: www.LauraLacamara.com

    Disfruten de su divertida historia aquí abajo!
    ¿UN RATÓN MÁGICO O UNA RATA COMÚN DE LA CALLE?
    por Laura Lacámara

    Mi primer entrenamiento real para escribir e ilustrar libros infantiles se remonta a un incidente de mi infancia.

    Nunca me olvidaré de ese momento. Los golpes y los gritos nos despertaron a mi hermano y a mí de un sueño profundo. Saltamos de la cama enseguida sólo para ver nuestros juguetes regados por todo el piso del cuarto que compartíamos en nuestra casa nueva en Santa Rosa, Puerto Rico. Yo tenía 5 años y mi hermano Carlos 6 años y medio.

    Mi primer pensamiento fue: ¡debe haber un ladrón en la casa!

    “¡Mamá! ¡Papá!” Gritamos corriendo y tropezándonos en la oscuridad con nuestros padres.

    Encendí la luz en el pasillo, y allí estaba mi papá en pijama. El estaba agarrando el bate de béisbol de mi hermano con las dos manos. Con una mirada salvaje y diabólica en sus ojos.

    Justo en ese momento, mi madre salió de las sombras y nos metió en la sala de estar. “Hay una rata en la casa”, explicó. “Creemos que nadó a través del inodoro. ¿Recuerdan que les dije que hay cerrar la tapa del asiento?” (Ella no pudo evitar decirnos eso)

    “Pero no se preocupen”, nos aseguró, “tu papá va a deshacerse de ella.”

    Era obvio que de la manera en que papá agarraba el bate de béisbol “deshacerse de ella” significaba que iba a acabar con ella. Mi ansiedad comenzó a aumentar…

    Carlos, por su parte, estaba encantado. “¿Qué tan grande es? “, gritó en la oscuridad.

    “Del tamaño de un gato pequeño!” Mi padre gritó.

    Luego, según las instrucciones de mi papá, mi mamá, mi hermano y yo rápidamente formamos una barricada en la sala de estar, con muebles y cajas sin embalar. La idea era mantener a la rata en la parte trasera de la casa, donde Papá podía cazarla.

    Los tres esperamos en el lado bien iluminado y seguro de la barrera. En el otro lado, papá con su bate se aventuró en la oscuridad en busca de una rata del tamaño de un gato.

    Sentada allí, en ese extraño silencio, me puse más nerviosa. Una idea había tomado forma en mi mente… Una que implicaba un ratón mágico que había puesto las monedas bajo la almohada cuando yo había perdido un diente…

    Yo ya me había convencido a mí misma de que esta cosa de la rata era un caso de identidad equivocada, cuando de repente se produjo un gran estruendo, “¡BAM! BAM! BAM!”

    Segundos más tarde, mi papá salió de la oscuridad y se paró delante de nosotros, con los ojos desorbitados. “¡La tengo! “, Declaró, sacudiendo lo que quedaba del bate sobre su cabeza.

    El grito comenzó en mis rodillas temblorosas y se abrió camino a través de mi nudo en el estómago, empujado hacia arriba a través de mi garganta con violencia, irrumpió de mi boca, “Nooooooo! Mataste al ratoncito Pérez!”

    Por supuesto, resultó que el ratoncito Perez no estaba cerca de nuestra casa esa noche. Nuestro visitante nocturno era una rata común de la calle, cuyas habilidades excelentes de natación la había llevado a un desafortunado encuentro con un bate de béisbol.

    Hasta este día, mis padres te dirán que yo siempre he tenido un gusto por lo dramático. Pero para mi en esos cinco años de edad, se trataba de un asunto serio. No era sólo la pérdida del ratoncito Perez que me temía, era algo más grande – ¡estaba luchando para mantener la magia y la esperanza de vida en mi mundo!

    La verdad es que he estado peleando esa batalla desde entonces. Sólo que ahora, en vez de cajas y muebles, puse barreras invisibles, bloqueando cualquier cosa cínica o negativa que venga hacia mí. Tengo que proteger la parte de mí que siente esperanza – porque ése es el lugar en el que se crea. Y, ese es el lugar donde quiero vivir.

    Algunos pueden decir que estoy en negación, pero yo elijo ver un mundo lleno de compasión y esperanza (y sí, incluso un poco de magia!). Un mundo en el que es tan probable la posibilidad de un ratón mágico como la realidad de una rata común de la calle.